viernes, 19 de junio de 2009

Piensas, y luego te das cuenta de que no existes

Piensas que lo tienes todo bajo control, te ries de él. Dices "no, soy feliz, me he olvidado, si pasase aquí delante, ni me inmutaría". Estás así un tiempo, eres feliz. Pero no te sientes como solías. No, antes odiabas esto de dormir, y ahora, casi que no hay ganas para nada más. Y un día, te hablan de él. Bueno, de vez en cuando, te acordabas de él, ¿para qué mentir?. Pero no. Te han dicho que él se acuerda de ti, que ahora sabe toda la verdad. Y que, seguramente, le gustaría volver a hablar contigo. Y luego te dicen que le han dicho que no hable contigo. ¿Cómo te sientes? No, sé, en mi experiencia propia, sólo pude llorar. Llorar, en mitad del cine. Llorar y punto.

domingo, 3 de mayo de 2009

Cuando yo nací, ya sonaba su "Tonight... I'm a Rock'n'Roll Star!". Primera canción de su primer disco. ¿Pretencioso? No, sólo auguraba un gran futuro. Al menos para mí, que he crecido oyéndolos. Y esta es Songbird. Y me encanta.
Y ahora, habiendo hablado ya de Oasis, comentemos mi rallada mental:
Es tan díficil no pensar en ti ahora. "¿Cómo te gusta el agua cuando te duchas? -Caliente, muy caliente". Ahora el agua está caliente, sí. Pienso en ti. Pienso que seguro que piensas en mí de vez en cuando. O eso harías si me fuiste sincero, sí. Tú decías que ya no podrías olvidarme, aunque todo saliese mal, que seguirías pensando en mí: que yo te había calado hondo. Ahora todo ha salido mal, y tienes que pensar en mí. Tienes que pensar en mí, así me convenceré de que todavía me queda un poco de dignidad por haberte creído. Pienso que piensas en mí cuando te pones burro, sólo eso. Tampoco pido más de ti, créeme, tan estúpida no soy. Sólo te creí hasta ese punto, bien si fuiste más en serio alguna vez, no te seguí el juego. O sólo lo hice para despistarte. Bueno, ya no sé de ti. Y es mejor así. Ya no siento esa estúpida necesidad de saber dónde estás. Sabes que no merecía la pena. No merecías la pena.
Y conocí a uno mejor que tú. Él no lo sabe, es decir, no se lo he dicho aún, pero él es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de esto. Y me sigue el rollo, como hacía yo contigo. Bien, voy bien. Sabías que yo iba a seguir bien. De lo que no estoy tan segura es de si estás bien. Espero no saber mucho de ti, más que nada, tú y tu vida sois y siempre habéis sido poco interesantes (soy sincera) tú mismo lo decías. Bueno, siento las molestias. No te quise. Quise quererte, pero ni siquiera yo puedo obligarme a mí misma a eso, cielo. Adiós, fuiste un verdadero orgasmo.


Y aquí estamos. Mañana ya es hoy.

viernes, 1 de mayo de 2009

Lo-li-ta


Lo-li-ta

Lolita. Lolita. Lolita, Lolita, Lolita. Repítase lo mismo hasta llenar la página. ¡Lolita! y Nabokov. Su padre, su creador... ¡Enfrascó el mito! Tierna Lolita... ¿Dónde estarás, Lolita?, ¿estarás ya muerta, o sigues viva como mito en el seno de todas esas jóvenes (tantas jóvenes) que te imitan? ¡Viva tú!, ¡viva tu todo!, ¡viva tu falsedad! ¿Te escondes tras esas gafas, dándote grandes aires de mujer segura?
Y sin embargo, hay tantas Lolitas... Y sin embargo, puedo ser tan Lolita... Y lo soy. No, no lo soy. ¿Cómo voy a serlo? ¡Sería una gran contradiccion! Mi todo, mi yo, mi nada, mi absurda presencia, mi carisma demolida (y dolida), mi carisma atrasada, mi carisma muerta, yo muerta, nada vivo. Pero nada sigue vivo, y nada me busca. Nada me encuentra, en un callejón sin salida. Nada se muere de miedo. Nada se muere de dolor, y esto queda como un pie de foto de aquella película inspirada en la tormentosa relación allá por los años '50 de un padrastro con su hijastra (mucho, mucho menor, casi ni adolescente). Sí, tormentosa relación de sexo en moteles, quién seduce a quién, cómo seduce a quién, ¡cómo seduce a Como! Corre, que te como. No, no estoy borracha. Sólo un poco. Miento, sólo nada. ¿Cómo voy a estar borracha a las 16:13 de la tarde? Ni siquiera yo he caído tan bajo.
No, no he caído tan bajo. Sólo he caído. ¿Tan díficil es de comprender? Y si me preguntas si soy feliz... Sï. Hoy sé qué contestar. Hoy sé qué pregonar. Hoy sé qué gritar a los cuatro (o cinco, o seis) vientos. ¡Sí! ¡Soy feliz! ¡Viva la Vida (publicito a Coldplay, ya de paso), viva el amor! Y viva yo.
Amén.

jueves, 23 de abril de 2009

Aeropuertos.

Odio los aeropuertos. Los aeropuertos evocan cosas desagradables, tales como despedidas, esperas y pérdidas.
Despedidas: dejas atrás a alguien, a algo o sentimientos que no quieres dejar.
Despedidas: dejas atrás a alguien, a algo o sentimientos que sí quieres dejar.
Despedidas: adiós al ser amado.
Este aeropuerto X [remplazar X por nombre deseada] me recuerda tanto a ti... A ti y a tus besos. A ti y a tu sonrisa. No dejo de pensar en el momento de volver a vernos. Este maldito aeropuerto me ayudará a alejarme más de ti, y es algo que no, no quiero... Cuento las horas para volver a verte, y quedan Y [remplazar Y por número de miles de horas deseadas]. Te amo, te amo.

Despedidas: adiós a la familia.
Me tengo que ir, las circunstancias me incitan a ello. Bien huyo de X [justicia, me voy por dinero, no tengo trabajo: larga lista de tragedias disponibles], pero nunca olvidaré mis raíces.
Despedidas: adiós a las vacaciones.
Se acabaron estas maravillosas vacaciones en X [sustituis X por exótico lugar, charmante ciudad o simplemente lugar de elección]. ¡Cómo odio este aeropuerto que me aleja de tus Y [maravillosas plazas, exhuberantes ruinas, encantadores monumentos, etc.], X!

Despedidas:
Adiós al/a la X [amor, amistad, pánico... sentimiento de elección] que sentí aquí.

Despedidas:
Adiós a ti X [persona, lugar...], ¡horrible X! [nótese que el sentimiento de odio no es nada agradable].

Esperas: largas colas para facturar, otras tantas para comprarte ese horrible bocadillo embasado al vacío, muchas más para embarcar, para subir al avión, para dejar tu equipaje de mano, para bajar del avión, para coger tu maleta, para cosneguir un taxi... Largas esperas.
Pérdidas: ¡perdiste tu maleta!, ¡perdiste tu VISA ORO MASTERCARD!, ¡perdiste de vista a tu bebé!, ¡perdiste de vista a tu marido después de verlo con esa azafata rubia!, ¡perdiste de vista a tu mujer tras verla por última vez con un piloto sueco!, ¡perdiste los estribos tras esa larga espera!, ¡perdiste la vida al ser arrollado por el tren-porta-equipajes!, ¡perdiste los zapatos al correr para no perder el avión!, ¡perdiste el avión!

Saquemos conclusiones: ¡los aeropuertos no son nada agradables!